24-7-2011 ACEPRENSA
La ironía hizo que Hannah Arendt, cuya más sincera vocación era la de comprender, fuera en ocasiones malinterpretada. Lo fue, por ejemplo, con su famoso libro sobre Eichmann y no solo porque su mirada sobre el mal despojaba a éste de su máscara (el mal, dijo la pensadora alemana, es terriblemente superficial, obscenamente prosaico), sino también porque en sus escritos sobre el proceso al oficial nazi celebrado en Jerusalén denunciaba la connivencia de algunos funcionarios judíos. A quienes defendían los guiños totalitarios o, en ocasiones, la traición, Arendt les hace ver que, en el caso de que la tentación del mal fuera irresistible, siempre quedaba la opción de no hacer nada, de negarse, en definitiva, a colaborar con el mal.
Lo que quiero es comprender es una recopilación miscelánea de textos autobiográficos y, sobre todo, autoexplicativos. Arendt, que no escribió por desgracia unas memorias, expone -ya sea en cartas, en las entrevistas transcritas o en encuentros con teóricos sociales- los ejes principales de su pensamiento y se tiene la sensación de que su obra constituye una forma de comprenderse a sí misma. Son conocidas ya sus vicisitudes biográficas -aquí se repasan de primera mano las ocurridas desde su exilio en Estados Unidos- y su polémica relación con el judaísmo: más allá de su postura sobre el sionismo, hay que destacar su conciencia de que la vulneración de la dignidad judía sólo puede restañarse afirmando la identidad del propio judaísmo y no con frases grandilocuentes sobre la humanidad en general.
Pero más interesante para el lector de hoy es su teoría política, que se engloba dentro de una determinada concepción de la acción humana. Si no se ha leído La condición humana, este libro puede servir de introducción. A partir de la diferencia entre la teoría y la acción, diferente de la técnica, Arendt reivindica la pluralidad como categoría central del mundo humano y, por lo tanto, de la política. Pero la política -la necesidad de entendernos y de convivir bien en el mismo espacio- no ha de confundirse con la esfera de lo social, un complejo entramado de intereses egoístas. Y cierta razón tiene Arendt cuando afirma que en el momento actual lo social ha terminado engullendo el último resquicio de la política.
Esta tecnificación de la política, cuyas consecuencias han preocupado a otros muchos intelectuales, es la clave de bóveda del universo arendtiano. Sobre ella, pero sin obviarla, pueden entenderse sus ensayos sobre el origen de los totalitarismos, las revoluciones liberales o algunos intelectuales judíos. Porque la política según Arendt constituye el espacio que nos hace humanos y su destrucción, ya sea premeditada o no, amenaza nuestra más propia esencia. No es de extrañar que se volviera siempre a los clásicos, porque en Grecia y en Roma descubría la pensadora judía el dinamismo de la libertad del hombre como ciudadano. De ahí que se haya inscrito su nombre en la nómina del republicanismo.
Se trata, pues, de un libro rico en sugerencias, que no descuida la crítica del presente. Se ha dicho que Arendt idealizaba el pasado, pero no hay que pasar por alto sus tremendas experiencias. En ellas aparece la paradoja de un carácter vitalista pero también introspectivo, la mujer que celebra el misterio de la natalidad y la riqueza de la pluralidad humana, pero que abomina de su papel público. Puede que se equivocara en ocasiones, pero vio en el destino de nuestras sociedades un vacío -el dejado por Dios, por los principios últimos- que sólo podría salvarse con un renacimiento de lo verdaderamente humano.
Vida y obra de Hannah Arendt
En los últimos años asistimos a una proliferación de publicaciones sobre la vida y la obra de Hannah Arendt: podría decirse que la celebración del centenario de su nacimiento (2006) se ha alargado.
Arendt se ha convertido en uno de los tópicos del pensamiento contemporáneo, especialmente de la filosofía práctica. Todos echan mano de sus intuiciones: unos aprovechan su condición de mujer; otros, bajo su reivindicación de la política, la apuntan a cierto republicanismo radical. En medio de tan abundante bibliografía, el libro de Teresa Gutiérrez de Cabiedes, doctora en Comunicación Pública por la Universidad de Navarra, y periodista, ofrece una mirada limpia de prejuicios y de reduccionismos académicos.
El hechizo de la comprensión constituye una especie de aventura periodística, pero sin menoscabo de la calidad científica y del rigor que requiere un estudio sobre una de las personalidades más sugerentes del siglo XX. Su vida es, ciertamente, una aventura intelectual y posee trazos novelescos: su origen judío, el temprano despertar filosófico, su enamoramiento de Heidegger, con todas sus paradojas, su exilio en Francia, los éxitos y los fracasos amorosos, su celebridad pública en Estados Unidos…
Más que filósofa, ella se consideraba una pensadora política, y es verdad que su obra La condición humana es un tratado político -y moral- en toda regla. Enamorada de la vida, pese a tantas desdichas como refiere la autora, reflexionó sobre la irrupción de la novedad y el prodigio bajo la categoría de la natalidad. Muchas de sus intuiciones han sido utilizadas posteriormente para desacreditar los abusos de la ciencia y de la técnica en la vida de los hombres. Y aunque el éxito le llegó con la publicación de Los orígenes del totalitarismo es esta obra, tal vez, la menos leída hoy.
Arendt supo ver la amenaza del mal -del mal moral y de la tragedia política- en la vida oscura y banal de los burócratas, nos advirtió de los peligros de la masificación social y predijo la imposición de lo políticamente correcto. Como pone de manifiesto Gutiérrez de Cabiedes, su vida estuvo entretejida de pensamiento y su pensamiento de vida. La autora no hace juicios; deja que Arendt se acerque al lector y éste saque sus propias conclusiones.
El objetivo de este libro, como el de Lo que quiero es comprender, es proponer una visión biográfica y filosófica de Arendt más allá de toda ideología.
Arendt, el hechizo de la comprensión
25/Jul/2011
El Observador, Correo de Ideas